Le grand mesonge…

Estaba ella, mi preciada esfinge, oculta en la oscuridad; sentía su mirada fría, salvaje; un gruñido se alzaba majestuosamente; y el fruto de su boca manchaba mi tez. Estaba allí, pensando en cómo asesinarme; y una sonrisa marcaba ahora mis labios, podía saber cuán profundo era su odio; el látigo descansaba en mis manos, algo arrugadas pero no por ello débiles; la melodía de sus gritos regresaba a cada momento, no había nada más dulce.

—Mi querida, el odio es el único sentir realmente razonable; nace de la ausencia del resto, y siempre te da algo que sacrificar, que siendo sincero, es la misión del fuerte: «matar para vivir».

—La única verdad es la muerte,  aunque llegue siempre cuando no se le espera.

Mi esfinge me recordaba que ella era libertad, que no me salvaría de haberla mantenido apresada. Me regocijaba en sus amenazas y la veía curioso; no intentaba adivinar su plan, solo quería descubrir como debía seguirlo.

—El hombre busca la verdad, cree que es lo único que le hará libre; ¿debe entonces, mi querida,  postrarse ante la inmensidad de la dama de negro?

—El hombre busca la verdad para ser libre logrando eliminarla. No debe nunca postrarse ante ella, antes bien debe enfrentarle y proclamar su discordia ante el mensaje que esconde. Si el hombre aceptara la verdad, provocaría su propia destrucción.

Siempre tan sublime; la bestialidad de sus ojos me cautivaba y, sin embargo, un temor siempre ciego me dominaba en su presencia. La mujer había sido la primera fuerza con la que el hombre habíase debido enfrentar, y, a punto de perecer ante su fiereza, le había engañado arrodillándose y suplicando en la cúspide y amanecer de todo arte realmente hermoso, aquel que oculta la verdad con la mayor de las satisfacciones. Hubo de aparentar hasta reconocer cómo, la mujer, el problema primigenio, acababa por bajar la guardia ante la segunda fuerza: la costumbre. Alzóse entonces en su gloria, había introducido el cuchillo de su vergüenza en el corazón del primer problema. Pero yo, sombra del hombre suplicante, aun no había llegado a poseer el valor para aparentar; y mi querida, la bestia, aún mantenía su vista cruel sobre cada uno de mis movimientos.

—Entonces, mi querida,  ¿todo conocimiento es vago si no es inventado?

—Nulo es aquel conocimiento que no permite el desarrollo y conservación de la vida.

La solidez de sus argumentos viajaba con una parsimonia elegante; vislumbraba yo cada una de sus palabras como una lanza que volaba exhibiendo su belleza y orgullo. Una lanza que siempre alcanzaba a su presa. El humo de mi propio cigarrillo me dejaba sin fuerzas, y debía caminar apoyado en ese bastón que sólo auguraba el fin inevitable. Si no caminaba, me debía entregar ante lo ya definido, y eso no me lo permitiría.

—Nunca es razonable entregarse ante el propio caos, ante el propio olvido.

—La verdad no será entendida nunca por la razón; la verdad no puede analizarse, solo puede sentirse.

Comprendiendo sus palabras, percibí la soledad con la que siempre me había maldecido; apague el cigarrillo en mi frente y me senté, abatido, frente a mi escritorio. La luna daba toda su luz a mi querida, la bestia; comencé a caer en el vacío, el vértigo oprimía mis pulmones, y la sangre escapaba por mis manos. El tiempo era eterno, perfecto; las instrucciones que yo mismo me había dado para afrontar a mi querida se perdían. Tomé la navaja con máxima voluntad, y la alcé para apreciarla con todas sus virtudes.

—Me decías que había que luchar contra la verdad luego de saber cuál era; ¿podría la lucha ser al mismo tiempo la rendición?

—En el imaginario del hombre, podría; en la realidad de la mujer, sería sólo cobardía, o la culminación de lo miserable; la consagración de lo vulgar; el oro transformado en carne.

Pasé con lentitud la afilada hoja de la navaja por mi cuello, y el líquido carmesí llegó a mis manos; el látigo lo sujetaba mi querida bestia, lo mostró con malicia y, comenzó a castigar a un cuerpo ya muerto.

—————————————————
—————————————————

Confieso que prefiero el olvido  y, aún ahora, con un papel manchado de pecados y una pluma sencilla, reconozco que pude haber desafiado a la verdad, sustituyéndole  por una mentira…

Anuncios

Deja un comentario... // Write a comment...

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s