ERRAMOS PORQUE QUEREMOS* (un ensayo)

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La existencia del hombre, más allá que dirigida únicamente a la supervivencia de su especie, desemboca en la búsqueda de satisfacción de algún deseo suyo; éste puede ser de finalidad variable, sin embargo, el proceso que se lleva a cabo para darlo por cumplido no cambia, ni mucho menos las repercusiones acaecidas por su realización.

El deseo podría definirse como «una necesidad directa o indirectamente instintiva que al ser satisfecha estimula el aumento del ego». Tiene ésta cualidad debido a que, al formar parte de una serie de necesidades que, de una u otra manera forman parte de la propia valoración personal, al ser realizado, incrementa la valoración-de-sí contribuyendo a la consolidación y reafirmación del ego como mecanismo motivacional inicial en el hombre.

La finalidad variable del deseo hace referencia a ése carácter voluble que demuestra la adaptación al determinado sistema de creencias éticas de cada persona. Por otra parte, las repercusiones acaecidas por su realización, se pueden agrupar de manera dicotómica dentro del:

  1. Principio del placer.
  2. Principio del castigo.

El principio del placer se podría definir como «la reacción estimulada por una marcada tendencia emocional al bienestar ocasionada debido a la realización de una expectativa». Dado el propio concepto de éste principio se podría creer lógico que toda búsqueda de la satisfacción de un deseo que se viese culminada con éxito sea, sin lugar a dudas, una marcada respuesta de bienestar en cada individuo; sin embargo, he aquí que, se pueden presentar distintas relaciones de poder, entre ambos.

El  principio del castigo se podría definir como «la reacción estimulada por una marcada tendencia emocional a la ansiedad ocasionada debido a la realización de una expectativa». Dado el contexto propio del concepto podría creerse que la finalidad del deseo logrado era de carácter egoísta y que, la auto-observación permite al individuo reconocer esto, causando así,  por una especie de fuerzas contrarias o equilibradas, una ansiedad que, puede a fines prácticos, sustituir o desplazar el bienestar que hubiera producido el logro del deseo mismo. Es ciertamente en este plano en el que se puede ver la posibilidad de una  relación de poder, en este caso lo mismo que decir grado de influencia emocional, entre el principio del placer, y el del castigo. Se utiliza el término de castigo para referir exactamente a aquella ansiedad surgida cuando el sistema de creencias ético establece una contradicción con alguna acción, palabra, pensamiento u obra propia; contradicción en la cual, en cierto sentido, se desea una pena que llevar por haber hecho, pensado y/o dicho algo que no se debía de acuerdo a la moral que se haya asumido.

Podrían esclarecerse estos argumentos y construcciones lógicas a través de tres ejemplos:

 1) Cuando la expectativa lograda se relaciona con un deseo que no entra en contradicción con la moral

Un joven camina por la calle alegremente, y se tropieza, como sucede diariamente, con la hija de un librero que, como acostumbra, sonríe, se pasa la mano por el cabello, y baja la mirada. El mozo la ve en su alegría y, como por instinto, siente el deseo de saber si la querida le ama o no. Es entonces cuando, con suma decencia, se acerca, le toma una mano, le besa allí, y luego, le pregunta lo que quería saber. Bien sabido es que ya se había comprometido y, la propia práctica social [dentro de esta suposición] ha dictado que, en casos de sospecha de enamoramientos impropios por parte de solteros a comprometidos de cualquier clase, el asunto sea tratado directa pero discretamente con la persona de la cual se tiene dudas. Ésta joven, hace un gesto de sorpresa, y con la sonrisa perdida, le confirma al mozo la realidad deducida; entonces éste la besa a la mejilla como acostumbraba a hacer para saludarla y proseguir su camino, añadiendo el hecho de tomarle sus manos. Se despiden así, y no se vuelven a tropezar.

Aunque pueda aceptarse la posibilidad de que, inmediatamente después de esta despedida, el mozo piense con ternura sobre el cariño de su querida y pueda sentir nostalgia, va a sobreponerse el principio del placer que, de acuerdo al cumplimiento de un deseo que no entra en hostilidad con alguna creencia moral, dará un sentimiento de bienestar al joven, que, así, sin mucha reflexión, podrá recuperar su alegría.

 2) Cuando la expectativa lograda se relaciona con un deseo que entra en contradicción con la moral

Es el día señalado para la exposición de proyectos de investigación en una determinada institución educativa; muchos, sino todos los estudiantes, están particularmente sensibles, llenos de ansiedad. Unos ya han expuesto su trabajo, y, con precisa tranquilidad, permanecen al lado de sus amigos, para infundirles ánimo; después de todo, es la compensación de la ayuda mutua dada de forma aparentemente desinteresada. Una persona, sin embargo, a pesar de estar al lado de algunos amigos, habiendo ya expuesto su investigación, presume la calidad de su trabajo, y la ovación del jurado/público. A cualquier persona que saluda le comunica su triunfo; y no escucha al otro. En su egoísmo, la persona es abandonada a su soledad, y al suceder esto, comprende que, la felicidad [según la moral impuesta] no debe de compartirse de manera tan efusiva, y menos aún si no se vela por la felicidad de los demás, al menos en la expresión de frases compasivas/comprensivas con la situación de cada quien.

3) Cuando la expectativa lograda se relaciona con un deseo que entra en contradicción con la moral y, a su vez, provoca un placer intenso [tendencia al conflicto]

 

Este es quizá el caso más curioso y quizá el que con  mayor frecuencia se puede presentar. Si bien se podrían mencionar distintas situaciones plausibles para representar este caso, la más acorde a la post-modernidad en la que se vive, está alienada con una hipotética situación directamente relacionada con la planificación/realización de una relación de carácter sexual, ya sea con la intención de ser un comienzo para algo mayor, o sólo la búsqueda de algo efímero.

Un(a) joven se dedica a observar intensamente a otro(a) joven en un determinado sitio, mientras lo hace, simula una sonrisa a un mismo tiempo pícara, macabra y/o sensual. Se pasa una mano por el cabello y luego se la huele, todo esto con lentitud, sin dejar de observar a quién le interesa atraer. Luego se levanta, se acerca, y saluda, sin dejar de observar fijamente a su «objeto», ya que, en ése momento, precisamente todo es algo físico. Podrá decir algunas frases con el afán de hacerse misterioso(a), se acercará más, y luego podrá besarlo(a) acariciando su cabello. [Si se realizara la seducción…] En función del sitio, buscarían alguna forma/lugar de conseguir privacidad, y es de lo más natural, ya que, aunque el principio del placer los lleve a ser cada vez menos prudentes/sigilosos/discretos/recatados, el principio del castigo, los hace conscientes de que pueden ceder a su deseo bajo ciertas circunstancias, que, en un comienzo, requiere de un sentido de la seguridad. Esto se refiere a la «reacción/percepción estimulada que predispone a actuar con cierta apacibilidad debido a que se cree que todo lo que se pudiese hacer o decir, no llegaría a ser un asunto de vox pópuli». Luego de la relación, alguna de las dos personas involucradas en la relación sexual seguramente se sentiría ansiosa, debido a que recuerda el que no se usó un preservativo; así, se produce una tendencia al conflicto, es decir, «la contraposición de dos actitudes/ideas opuestas/excluyentes entre sí de manera constante/repetitiva», un concepto que ya fue propuesto, pero en relación a otros asuntos [v. psicoanálisis].

La tendencia al conflicto, producto de situaciones en las que el principio del placer y el del castigo se relacionan de una manera tan estrecha, como la referida, implícitamente hacen dudar sobre algo que, generalmente, se deja como asunto dejado a los dominios de la adversidad, al azar, a aquello que no se controla, generalmente, porque se cree no tener la capacidad para ello; o, si no se deja al azar, al menos se acepta como algo cotidiano e incluso necesario.

El error, ciertamente, forma parte esencial de la estructura en la que se desarrolla la vida del hombre. Es así que el sistema compuesto por equivocarse/aprender/asumir/rectificar/ se considera el único válido para adquirir algún conocimiento certero sobre cómo se hace algo, o cómo debería de verse/pensarse; esto podría no tener nada predispuesto a algún tipo de crítica, pero, algo fundamental en su conceptualización sí lo tiene. Porque, en el preciso momento en el que el error tiende a enmarcarse como algo cotidiano, la óptica que se le aplica es generalmente demasiado comprensiva, permitiendo que se identifique como su origen, de manera generalizada, la ignorancia, la «falta de conocimiento acerca/relacionado a algo/alguien».

El error podría definirse como «la satisfacción de una expectativa/necesidad directa o indirectamente instintiva que es contraria a la moral/costumbres impuesta(s)/asumida(s) en un determinado sitio». Es así que, lo que se considera como un error depende del sitio, de la gente, y de la época. Otra delimitación del concepto podría pasar como demasiado general, o subjetiva.

Definida la cosa en sí, es determinante el que su origen sea al menos clasificado:

  1. Debido a la ignorancia.
  2. Debido al deseo.

El error debido a la ignorancia no necesita de explicación alguna más allá que, como condicionante de su génesis, esté la falta de conocimiento sobre algo, y que, por ello, algo que se haya pensado/hecho sea contrario a la moral/costumbres de algunas/las personas en un sitio, sin el conocimiento del individuo hasta que se le puntualiza lo que hizo de acuerdo a los marcos sociales/culturales/históricos de la región.

El error debido al deseo es aquél que se expone teniendo como condicionante inicial, el certero conocimiento de que aquello que se hace/piensa es contrario a la moral/costumbres de donde se está temporal o definitivamente, y, aún así, se realiza/piensa. Ante este tipo de error, el individuo que incurrió en él podría actuar con indiferencia, o, se podría llegar a la tendencia al conflicto. Es así que, el principio del placer y el del castigo,  constantemente relacionados, confluyen en un gran número de situaciones reales/plausibles, que, afirman y establecen que, si bien el error debido a la ignorancia también se presenta con regularidad, la otra clase de error sigue una génesis y desarrollo mucho más dinámica e interesante, y, asientan, el que se pueda creer que, erramos porque queremos.

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* El título del escrito así como su principal inspiración provienen de un comentario escrito que hizo Jonathan Córdova… A él en primer lugar, las gracias por servir de motivación inicial, y la dedicación de todo lo que aquí, está desarrollado.

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6 comentarios en “ERRAMOS PORQUE QUEREMOS* (un ensayo)

  1. Que decir mas a este expuesto !!!! Se me occure la vieja sentencia atribuida al orador romano Seneca : ” Errare humanum est sed perseverare diabolicum ” El error es humano ; pero perseverar en el , eso viene del Diablo” ! Aquelo demuestra que el origen del error puede ser bien escondidas en las partes mas oscuras de nuetro subconciente !
    La question , entonces que se me vienne : podemos tener por responsable el humano que ha cometido ese error ?
    Muchas definiciones aparecen en tu expuesto ! quizas puedas anedir un addentum para mentionar las referencias ! Son muy interessantes !
    Es un trabajo muy agradable en leer por los ejemplos tomados ! Quizas sea el propio de la joventud de hacer sus experimientos y por lo cual equivocarse !!! Cada temporada de la vida humana tiene su razon … algunos se equivocan a lo largo de toda su vida !!!

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    • Ciertamente la idea de la justicia cambiaría si consideráramos que todos los errores tuviesen un trasfondo subconsciente (eso ya lo explicó Freud con sus actos fallidos), claro que, lo que quería plantear con el escrito, es que el juicio aplicado debería ser más grave o no, según fuese un error «por ignorancia» o «por placer» respectivamente.

      Quizá la influencia más presente en el escrito esté en la figura que ya mencioné. Desde que leí «Introducción al psicoanálisis» de Freud, mi escritura cambió radicalmente, considero que era lo que necesitaba. A él le debo ése cambio de paradigma, y a Wilde la esperanza de que, escribiendo iba a conseguir algo. Lamentablemente, no puedo señalarte otras referencias aparte de la obra que ya mencioné, debido a que todo lo hice intentando verlo desde un punto de vista más personal, tratando de conservar un pensamiento original (que a la final no lo es tanto).

      Los ejemplos que coloqué generalmente tienen que ver con situaciones de la juventud, tienes razón, no encontraba mucho más para justificar y explicar mis conceptos. Hay quien dice que se comprende el mundo y se le guarda en la mano, justo a través del lenguaje. Quizá por eso ahora me dedico con más ahínco al ensayo, trato de definir las cosas a mí manera, para dar orden al caos (al menos, en mi mente).

      Y sí, algunos se equivocan toda la vida, espero que ése no sea tu caso ni el mío 😀

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  2. No puedo asegurarte que al cabo de tantos anos , este , por fin, en la Verdad ! Y todos los dia, lo aprendo a mi cargo ! Conozco a la introduccion de Freud !!! 🙂 Muy buen libro ! Ahora estoy desviando hacia su colega de trabajo de las primeras horas ( con el cual pusieron en pie varios conceptos) Carl Jung ! Este ultimo introduce la nocion de universalidad que conduce a la humanidad sobre un camino comun . Quizas algunas respuestas se encuentren en el echo que en todos los hombres se encuentren los mismos errores y malhechos ! Su concepto de synchronicidad me interesa sobre todo ! Pero eso es otro tema !

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  3. ¿Error por placer?, tengo el psicoanálisis en el librero pero aun sin leer.
    Pero como puede ser un error, un acto de placer, ¿no es el error el acto que genera las consecuencias contrarias a lo que conscientemente se pretende?, a lo placentero. Un error por la naturaleza de la acción y el objetivo que se pretende debe ser indeseado, la reacción consecuente a el error aunque sea placentera e inconscientemente deseada, no puede ser un error, si las consecuencias son previamente conocidas o esperadas o si este error se realiza mientras existe algún tipo de especulación sobre los posibles aspectos positivo de esta acción negativa.
    No podemos errar intencionalmente, eso ya no seria un error, claro que ante la sociedad y a la interpretación de los demás puede serlo, pero si el individuo puede dilucidar las posibles consecuencias de sus actos, el error no es un error, mas bien un acto negativo. Solo lo es, por ignorancia, impericia o negligencia. Al leer este ensayo pense en Freud, pero también pensé en Nietzche (ya sabes que el lo desarma todo), saludos

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    • Creo que puntualicé bien la importancia de reconocer que el principio del placer y del castigo tienen una relación constante y dinámica con la psique de la persona… Puede entonces alguien cometer lo que, ante otros es indudablemente un «error» y verse más influido por el principio del placer, y que por lo tanto el concepto de Freud respecto al «principio de realidad» se vea minimizado bastante en su importancia dentro de la consciencia. Aunque creo que tu confusión nace de haber leído «error placentero» en vez de «error por placer», es decir, decidir que, no importa si es un error para el resto, se cometerá determinada acción para satisfacer la necesidad del placer.

      Por otro lado, también mencioné el error por ignorancia, al que sí admites dentro de forma de mirar las cuestiones. Pero no creo que sea razonable pensar que un «error» deja de serlo sólo porque se sabe las posibles consecuencias que puede traer; porque, si nos entregamos a realizar cierto tipo de acción sabiendo que puede traernos alguna especie de «mal», sólo reafirmamos la concepción de que es un «error» y no lo eliminamos del contexto de la cuestión. Efectivamente, Freud cambió todo mi paradigma ante cómo pensar las cosas y cómo escribir, y todo con su «Introducción al psicoanálisis». Sin embargo, creo que lo que aquí presento es una pequeña profundización y también una introducción de otro punto de vista, relacionados ambos pero no dependientes al concepto de «acto fallido». Saludos 😉

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