LA FALSA NECESIDAD, Y LA CULTURA IMAGINADA… [ensayo]

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Lo útil es, para una mayoría plausible, aquello que, de una u otra manera es necesario. Así, bajo ése precepto e igualdad, se pretende estructurar todo un sistema de cosas. Toda una manera de pensar y de actuar se fundamenta en ésa percepción. Lo que es necesario para una mayoría, cualquiera sea su naturaleza y el ámbito en el que se desarrolle, implica que ha de ser útil.Sin embargo, se añade a esto que, la levedad o el peso de la utilidad de algo necesario es de sentido variable. Sentido que se podría adjudicar a la levedad o el peso de su utilidad, dependiendo de la distinta propensión o inclinación que posea la existencia y preservación de algún problema.

De esta manera, una utilidad tiene mayor «peso» cuando ha surgido ante una necesidad de satisfacción colectiva, en decaimiento de aquella que surge para beneficiar a una minoría. Y la «levedad» de una utilidad promueve la indiferencia y la falta de implementación hacia ésta, permitiendo así una ignorancia/indiferencia selectiva y la aparición de cambios radicales de paradigmas, todo esto en respuesta a las concepciones promovidas que establecen que todo lo útil es necesario y que, la utilidad será más «seria» (pesada) o leve, dependiendo de a qué colectividad o minoría sirva.

El quid de la cuestión, que hace resaltar la utilidad de la necesaria crítica al sistema de pensamiento en el que «todo lo útil es necesario», se basa en la razonable y factible situación en la que, se produjese un problema donde antes no lo había y, con ello, facilitar el surgimiento y esparcimiento de una «falsa necesidad». El problema de naturaleza ilusoria podría caracterizarse como tal si su origen y esparcimiento cumplen con ciertas condiciones:

(A) Es la representación opuesta a una solución que comenzó siendo necesaria tanto para una colectividad como para una minoría, aunque su carácter de «ilusorio» sería mayor si se diese el primer caso.

(B) El rechazo o aceptación que recibe «es de»/«se da»:

(1) Carácter inmediato, ya sea por parte de una colectividad o una minoría incluyendo aquella de donde surgió.

(2) Sin considerar debidamente sus ventajas y desventajas con suficiente escrupulosidad.

(C) Con base a si es aceptado o rechazado, la intensidad con la que se presume discutir sobre él, o, en el otro caso, la intensidad con la que se le ignora.

(D) La influencia de la relevancia de la colectividad/minoría y los posibles beneficios a corto o largo plazo que podría tener al diseñar un problema y su solución con claros aspectos desfavorables para determinadas, sino todas las colectividades/minorías.

Lógicamente, la aparición de un problema ilusorio conlleva a su vez el surgimiento de una falsa necesidad y esto también acarrea el desarrollo de falsas expectativas. Por tanto, los problemas ilusorios se asemejan a una de las condiciones necesarias para la aparición de la neurosis, esto es, la tendencia al conflicto. Dado que, para crear algo nuevo generalmente se parte de algo anterior, el problema ilusorio podría servirse de ciertas ideas que antes se utilizaban bajo distintas perspectivas, y, en su distorsión de la realidad, contraponer las antiguas visiones a las más recientes y así provocar un conflicto de carácter ideal en la percepción de las distintas colectividades/minorías/individualidades.

Por lo tanto, se distingue al problema ilusorio como una especie de catalizador psico-filosófico que impulsa cambios de paradigmas. Bajo éste punto de vista, el cambio a la visión crítica sobre las cosas podría llevar a la distinta comprensión posible de, sino todos, al menos determinados temas. Sin embargo, dado  que el grado en que influye cualquier problema ilusorio a una colectividad/minoría se reduce a una dicotomía —o es aceptado, o es rechazado—, cualquier cambio de paradigma que impulse es radical, y al no ser gradual el cambio que propulse, cualquier camino en el que ahonde, será, sino completamente desconocido, al menos, «poco indagado, explorado».

El hombre, en un comienzo, se tuvo que enfrentar a problemas reales relativos a su propia supervivencia:

(1) Conseguir comida y agua.

(2) Tener un lugar seguro donde descansar.

(3) Tener una pareja y abundante descendencia.

(4) Preservar la supervivencia propia (individual).

Se les caracteriza como «problemas reales» ya que su existencia y comprensión se da y se mantiene como si de un axioma se tratase. Habrá que recordar que el «axioma» es una proposición que generalmente no requiere explicación para ser comprendida.  Los «problemas reales», entonces, surgieron y se mantienen como parte del instinto. Es decir, su existencia precede al uso de la razón en el hombre, aunque sí se hayan planteado de distinta manera luego de ella.

De esta manera, la cultura per se, con todos sus problemas y soluciones, sería un conjunto de falsas necesidades que surgieron luego de varios problemas ilusorios que se desarrollaron a través de la razón. A fines prácticos, se podría hablar de la «cultura imaginada».

Lo anteriormente planteado para establecer cuándo una utilidad es más seria/pesada o leve, es, sin embargo, razonable en un aspecto meramente teórico en uno de sus puntos:

«MAYOR UTILIDAD = MAYORES BENEFICIARIOS».

Dado que la realidad presenta un esquema más acertado de acuerdo a la condición (D) para la caracterización del problema ilusorio (en cuanto a su origen y difusión), se podría establecer una igualdad representativa de una situación cada vez más común y palpable:

«MAYOR INFLUENCIA DE LA COLECTIVIDAD/MINORÍA = MAYOR ACEPTACIÓN DEL PROBLEMA ILUSORIO».

Esto no siempre podrá establecerse como una solución necesaria/útil en relación con la humanidad entera. Por lo que, lo que puede iniciar como la solución a un conflicto «leve» puede llegar a convertirse en una problemática «seria», y así, luego de un primer planteamiento, pasar a ser a instancias de la condición (C) (respecto al problema ilusorio), un asunto que afecta a todos por igual.

Es razonable creer que la evolución de la cultura y con ella, la civilización, se desarrolló de esa misma manera. Un conjunto de cuestiones «leves» que a medida que transcurrió el tiempo, fueron planteadas de generación en generación, hasta exagerar sus proporciones.

Sería pues bastante útil a largo plazo el que se hiciera un consenso sobre cuáles son las falsas necesidades más apreciables en el rango de la propia contemporaneidad, con mirada retrospectiva, para desechar distintos problemas ilusorios que no deberían de ocupar tanto la consciencia como la inconsciente de las personas. Por ejemplo, dos falsas necesidades que pudieron haber provocado la génesis de dos problemas ilusorios fundamentales son:

  1. La necesidad de apreciar exageradamente la propia individualidad.

  2. La necesidad de amar y ser amados (con la intensidad a la que se ha aspirado desde el siglo XVIII [véase «romanticismo»).

La falsa necesidad de egolatría ha desembocado en distintas problemáticas, sin embargo, la más «seria» podría considerarse aquella que plantea el egoísmo como una virtud. La teoría que establece al egoísmo como una virtud pudo hacer pensar que la única forma de remarcar la individualidad era delimitando lo que, bajo algunos criterios restrictivos, podría considerarse como «propio»; aunque eso significara establecer lo «propio» más allá de la integridad física de cada hombre/mujer. De allí surge la falsa expectativa de querer aumentar lo «propio» para satisfacer la predisposición a la egolatría, que tuvo su principal raíz en el instinto de auto-conservación.

Al querer aumentar lo «propio» se definió vagamente el concepto de «propiedad» y con ello, se dio pie a la problemática de cómo resolver «civilizadamente» la distribución de las posesiones materiales. El dinero fue entonces desarrollado. Con su aparición se reforzó la ambición de querer más, sobrevinieron excusas para no-actuar «civilizadamente» (la guerra) y, finalmente, se dijo sin vergüenza alguna, que el egoísmo era una «virtud» (conjunto de actitudes aceptadas y asumidas como ejemplo de «lo que debería cultivarse/de ser».

Por otra parte, la falsa necesidad de amar y ser amados con la intensidad de una obsesión ha permitido a su vez que un gran número de «desajustes cognitivos» (trastornos o distorsiones; diferente en cada caso) formen parte de muchas personas, tanto en el extremo supuesto de aquellos que dicen y/o creen amarse demasiado mutuamente, tanto en el opuesto de aquellos que dicen/creen no recibir el suficiente amor (quienes pueden tener también tendencias narcisistas). Crímenes pasionales, ansiedad, dependencia, masoquismo, complicidad y un sin-más de problemas ilusorios.

Es importante puntualizar el carácter primeramente orgánico, luego sensorial y finalmente psico-emocional de aquello que se denomina como «amor». Es así que, primero viene (en aquellos que no poseen discapacidad visual) la excitación sexual de acuerdo al atractivo potencial que represente una determinada apariencia física (al ser vista); como segundo factor, el contacto físico ( que se puede reducir a un apretón de manos, al contacto visual directo y a la acción de escuchar la voz del sujeto en cuestión) y, como aspecto último, la influencia de la combinación entre la excitación sexual, el contacto físico y las diversas experiencias junto a la persona (conversaciones, paseos, diligencias, trabajo compartido y otros ejemplos dentro los cuales cabe el contacto físico más íntimo [como un abrazo o el beso] hasta llegar a las relaciones sexuales). El «amor» sería entonces una falsa expectativa que pudo haber surgido del «problema real» o «instintivo» de preservar y poseer abundante descendencia.

Otro «problema real» que podría considerarse y que antes no fue mencionado, es la curiosidad. Aquél instinto que sustentó la búsqueda de un plausible conocimiento y, más allá, la imaginación misma (que se serviría del conocer y el intuir para poder «crear»).

Al plantear la necesidad y utilidad de un análisis histórico de los problemas ilusorios fundamentales (hasta reducirlos a las falsas necesidades que les dieron comienzo), no sólo se argumenta que algunos podrían dejar de considerarse (desecharse) sino, a su vez, se apunta a la posibilidad de que estuvieran erróneamente planteados. Volviendo a uno de los ejemplos, el dinero advino como solución a la problemática de definir lo propio y lo ajeno, así como establecer cuánto merece realmente cada quien de acuerdo a su propia productividad laboral. Y si se sabe que el primer factor a considerar es el del egoísmo, ¿no pudo establecer otra solución al mismo problema?

En el caso en el que se pudiera considerar seriamente la distinción de los P.I. (problemas ilusorios) principales para proceder a su análisis y replanteamiento (o a su desecho), habría  que establecer al menos la meta tentativa de prestar atención a 10 y luego a 100 de ellos. Si constantemente se vive y se piensa a través de falsas necesidades, expectativas y P.I. no sería mayor obstáculo replantear el concepto de la «cultura imaginada» al de la «cultura crítica» (a través de la implementación de este análisis a mayor escala y profundización).

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NOTA

(1) Aquí hay una definición [viene del DRAE] interesante de «falso» que se adecúa a los propósitos del escrito: «7. adj. En la arquitectura y otras artes, se dice de la pieza que suple la falta de dimensiones o de fuerza de otra».

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