El jazmín de medianoche (Blue Jasmine, 2013)

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This cover belongs to Woody Allen and Sony Pictures Classics, the CC license is only applied to my words in this post. // La portada de esta película pertenece a Woody Allen y a la distribuidora Sony Pictures Classics, la licencia Creative Commons sólo es aplicable a mis propias palabras en esta entrada.

[NOTA: Todas las palabras y números entre corchetes que están remarcadas(os) en «negrita» son enlaces, puede y debería dar clic en ellos para complementar la información/opinión recibida]

Al comienzo no quería creer los rumores que decían que ésta obra era algo totalmente novedoso en comparación con las últimas obras de Allen, lo quería creer de esta forma, dado que la banda sonora de Medianoche en París me pareció excepcional y porque A Roma con amor era una entretenida comedia, como no abundan hoy en día. Quise creer algo, digo, para pensar que éstas producciones mencionadas no habían sido un fracaso para Woody.

Por esto mismo no me había acercado a El jazmín de medianoche. No niego que era una cuestión muy tonta, sobre todo porque junto a Winslet y a Swinton, Blanchett es uno de los pilares fundamentales de mi tríada del deseo. He admirado y apreciado con total atención la filmografía de todas, pero con especial hincapié en Winslet y Swinton, que, con su androginia, me atrajo desde que la vi por vez primera.

Jasmine/Jeanette es narcisista, eso puede saber desde el primer momento. Para algunos será justicia todo lo que devino a su vida, pero para mí no es algo aceptable partir de ésa concepción de las cosas. Sí, narcisista. Sí, probablemente neurótica (para Freud existía la neurosis narcisista, cabe destacar). Sí, mentirosa. Sí, solitaria. No una simple criatura egoísta que no pensaba en los demás. No una insensible. No una loca. No un caso perdido. Podría plantearse incluso que su extrema sensibilidad era lo único realmente desdeñable luego de las cuestiones mencionadas.

La memoria cristaliza los buenos recuerdos, los que incluso pueden sacar una sonrisa con el pasar del tiempo… Sin embargo, es deber natural que los recuerdos desagradables sean los que tengan mayor persistencia, o digamos simplemente, mayor «inercia» ante el olvido. Deber natural dado que a causa de las malas experiencias llegamos a conocer con certeza, y a aprehender las cuestiones más importantes. Es por ello que, alguien sensible tiene todas las posibilidades de reaccionar de forma exagerada ante una serie de eventos desafortunados.

Sí, aceptemos por el momento que la principal base de la defensa que expondré de Jasmine es también el principal punto de la ofensiva en contra de todo lo que representa su personaje, y éste es un punto argumentativo sobre el cual he ido y vuelto intelectualmente: la indiferencia selectiva. En resumidas cuentas, el instinto natural que nos impulsa a permanecer sin darle importancia a la mayor parte de las cuestiones habidas y por haber, conocidas o desconocidas; un instinto natural, puesto que nos sería terriblemente costoso intentar abarcar todas las cuestiones, y seguramente viviríamos ansiosos y distraídos sólo por intentarlo. Todo esto sin mencionar que es muy probable que tanta información no podría ocupar todo el espacio requerido en nuestra memoria, o, si pudiera hacerlo, lo haría temporalmente; porque la indiferencia tiene como un principal contribuyente al olvido, el mirar hacia el otro lado de Jasmine.

Es así que, se puede reconocer que Jasmine era narcisista y que a causa de ello, era indiferente. Y esto es realmente admisible sin olvidar su sensibilidad. Por indiferente, no supo preveer lo que luego acontecería, y por ello no estaba preparada. Su lado sensible, por otra parte, se enfocaba en su interiorización constante, o, mejor dicho, en su abstracción. La mirada dispersa y la charla solitaria sólo conformaban la forma sutil con la que se enfrentaba a sí misma, a su pasado siempre cercano y a su futuro siempre borroso. No sabía qué haría con su vida, pero antes había estado plenamente decidida. Una elección olvidada que ratificaba su lado sensible:

Los primeros antropólogos pensaban que así como las especies evolucionaban de organismos sencillos a otros más complejos, las sociedades y las culturas de los humanos debían seguir el mismo proceso de evolución hasta producir estructuras complejas como su propia sociedad. […] La antropología es, sobre todo, una ciencia integradora que estudia al hombre en el marco de la sociedad y cultura a las que pertenece, y, al mismo tiempo, como producto de éstas. Se la puede definir como la ciencia que se ocupa de estudiar el origen y desarrollo de toda la gama de la variabilidad humana y los modos de comportamientos sociales a través del tiempo y el espacio; es decir, del proceso biosocial de la existencia de la especie humana.[1]

De la misma forma, la indiferencia que representaba Jasmine en un principio comenzó a evolucionar, a transferirse, a conformar toda la obra de Allen. Ya no se trataba de su protagonista únicamente, sino de todo el reparto coral, del dramatis personae. Me es imposible obviar en éste punto la crítica social que expuso Lars von Trier (mi director preferido) en Los idiotas (1998) frente a la hipocresía disimulada ante la locura, que normalmente no se sabe distinguir de la genialidad (algo sobre lo que he escrito con anterioridad).

No creo que en ningún momento el amigo Lars o cualquiera de su cuadrilla protagonista disfrute mofándose de los disminuídos psíquicos ni de ninguna persona cuyas facultades mentales se sitúen por debajo de los límites establecidos. No creo que ése sea el propósito de la película ni del grupito de marras. Lars se limita a poner en evidencia ese idiota que todos llevamos dentro y a criticar despiadadamente actitudes y pautas de nuestra sociedad occidental que revelan, a su vez, nuestra mísera condición humana.[2]

Ante la locura, efectivamente, la única respuesta mayoritaria es el mirar hacia otro lado. Pero esto es inadmisible ante un caso como el de Jasmine y cualquiera que se le asemeje. No digo que lo recomendable es que anduviéramos constantemente angustiados por la posibilidad de que en cualquier esquina haya una Jasmine o su equivalente masculino, sino que habría que apreciar más de cerca las relaciones tanto de caracter familiar como el de meramente amistoso para ofrecer un oído siempre dispuesto, que es lo más simple e invaluable que se pudiera dar en éstos casos. Un oído y algún poco de aire modulado en palabras de consuelo, de comprensión.

Yo no miré hacia otro lado en toda la película, a pesar de que sentía que se me removían las entrañas ante la indiferencia del resto de personajes hacia Jasmine. Impotencia, insignificancia. Empatía, vanidad. Antes escribí algo que se hizo eco entre personas que aún no conozco, estaba siendo totalmente sincero. Se trataba de la reseña que le dediqué a una de las películas más impresionantes que he visto (aparte de ésta). Me citaré a mí mismo, sin temor a que repitiéndome no cause el mismo efecto que antes:

La pasión, es para mí un concepto de apropiación. Todo aquello que me apasiona, ya es mío en cierta forma.[3]

Como dije, no miré hacia otro lado cuando, en la escena final, mi querido jazmín había olvidado y sin embargo no dejaba de hablar. Sentí viva compasión por su sufrimiento, y si no fuera todo una farsa emocional a la que me introdujo Woody Allen, de seguro me habría sacrificado simbólicamente por alguien con quien me he identificado. Temo la realidad de este testimonio. Pero lo cierto es que, con todas mis pasiones y obsesiones, con todas mis alegrías y mis tristezas, debo reconocerme ante ti (querido[a] lector[a]), y dejar que me reconozcas como lo que soy. Sí, un hombre. Sí, un obsesivo. Sí, un neurótico. Sí, apasionado. Sí, sensible. Sí, muy frágil.

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