Dionisio ó de la debilidad (cuento escrito para AID FOR AIDS)

Ilustración original publicada por José Mesa en Flickr.

Ilustración original publicada por José Mesa en Flickr (clic sobre ella para ver la fuente).

[NOTA: Cuento escrito como una fábula para relatar el surgimiento de la organización AID FOR AIDS International (al mismo tiempo que el VIH) de forma imaginaria, para los dirigentes de la sede de esta institución sin fines de lucro en Venezuela].

Sobre el asiento de un columpio se mecía. Su mirada serena se concentraba en el suelo. Una sonrisa leve surcaba su rostro y el viento sólo podía brindarle el movimiento. Su soledad le abrumaba, pero, en su silencio, toda tempestad se calmaba. El cielo se oscureció y la lluvia cayó lentamente. Una pequeña mariposa surgió de entre los arbustos y se posó sobre su nariz:

—¿De dónde provienes, pequeña mariposa?

Su voz ahuyentó al pequeño ser, que, con sus alas, removió un polvo mágico sobre sus ojos. Dionisio quedó ciego, y, sin saber cómo mantenerse en equilibrio, cayó al suelo. Un sueño profundo le atrapó.

***

Al despertar aún seguía en el parque «Alioscha», pero no pudo sentir nada. En su corazón deseó la luz, y la luz llegó. También deseó poder sentir la hierba debajo de sí y el viento a su alrededor, y el sentir de la hierba y el viento, llegó. Se levantó con presteza y caminó por las calles a la luz de la Luna.

***

La moza de los cabellos oscuros sentada estaba sobre el marco de la ventana. Su hermosa voz conmovía a la Luna, y sus cabellos, todos ellos caóticos, caían a su alrededor con sencillez. Se cantaba a sí misma en su felicidad. Se cantaba a sí misma en su tristeza. En su propia voz ella vivía, y esto le consumía. Mas he aquí que un rayo de Luna se reflejó en el espejo que siempre sostenía en su mano y le mostró a un joven de rubio cabello que tenía unos ojos completamente blancos.

—¡Oh, viles dioses! ¿Por qué debe existir siempre algo trágico detrás de toda belleza?

Dejó de cantar por primera vez, y bajó rápidamente las escaleras de su alcoba al suelo adyacente a la avenida. El joven andaba con paso ligero, como si su ceguera sólo fuese una bendición. La moza de los cabellos oscuros, desesperada, soltó su espejó, y se le acercó cantándole:

—¿Por qué la soledad sólo trae muerte? ¡Oh, vida mía! ¿Por qué en la soledad me ahogo? ¡Oh, tesoro mío! Debes yacer a mi lado. En el amor todo nace.

Dionisio no supo qué responder, quedó petrificado en el suelo al reconocer la belleza de aquel instrumento musical. Amy, ó la moza de los cabellos oscuros, posó su mano sobre su cabeza con delicadeza, y retomó su canto:

—Porque en la belleza hallo yo tragedia, debes yacer en mi lecho.

Dionisio, conmovido, sonrió. Y en su sonrisa le enamoró. La Luna los seguía expectante; caminaron a través del jardín, y los girasoles se inclinaron a su paso.

***

En el salón, lo recostó sobre un sofá de color rubí. Le susurró un poema con extrema dulzura:

Por una mirada, un mundo;
por una sonrisa, un cielo;
por un beso… ¿qué te
diera yo por un beso?

Sus ojos, que no podían ser más blancos, resplandecieron. Alzó sus manos buscando el rostro de su amada y tocó sus senos. Siguió la curvatura natural del cuerpo y llegó a sus labios. La moza le besó sus dedos y se arrodilló para acercarse a la tez de Dionisio. Le miró con sus intensos ojos esmeralda con la intención de recordar cada rasgo. Le mordió en su cuello, y, al mismo tiempo, le inyectó su poción.

***

Despertó junto al columpio del parque «Alioscha», una mariposa yacía en su nariz. Una ráfaga de viento le hizo estremecerse, levantó la cabeza y vio su torso desnudo. La moza cantaba en el marco de la ventana mientras le miraba con picardía. Sintió un cosquilleo en el cuello, se tocó, y la sangre de su ceguera se deslizó por sus dedos. De un solo punto brotaba, del amor que es vida y es muerte.

***

—Es algo nunca visto, señorita Esperanza. No cumple los requisitos para ser una enfermedad en sí, y, sin embargo, es evidente que ha debilitado a su hijo Dionisio. Es posible que nos enfrentemos a un organismo que es reconocido, por ahora, sólo por la ciencia marginal. Entre los especialistas de ese campo, se le llama «virus».

—¿Y por qué no es reconocida la existencia de esa cosa en la ciencia en todo su conjunto?

—Porque el «virus» es un organismo que posee características de los seres vivos y, sin embargo, no puede estarlo, porque no cumple con unos requisitos específicos del llamado «Dogma Central de la Biología».

***

Dionisio miraba el suelo con la tranquilidad del desesperado. A su alrededor, su propio vómito le cercaba. Las moscas del mercado se posaban a lo largo de todo su cuerpo, y el sol, que brillaba en su ocaso, iluminaba su tristeza. Una mano suave y liviana le tocó en el hombro. Alzó sus ojos y, he aquí que ante sí, se hallaba un ángel de dorados cabellos:

—Dionisio, querido mío, la esencia de la vida es la evolución. Está prohibido no levantarse.

—¿Quién eres, bello ángel?

—Valentina, y no soy un ángel. Soy una mujer que sufre con quien lastima y con quien es dañado. Soy una mujer que predica que «la felicidad ha de buscarse en el dolor».

***

—Los virus son, sí asumimos su existencia, la respuesta natural del sistema de la vida a la necesidad de evolucionar. La mayoría no sobreviven lo suficiente para provocar un daño al cuerpo, señorita Esperanza; es evidente entonces que el caso que nos mantiene reunidos es algo extremo.

—Sea sincero, doctor Casadiego, ¿han existido personas que tienen esa debilidad por la misma causa?

—Es el primer caso documentado, al menos. Necesito saberlo, señorita Esperanza, ¿estaría dispuesta a permitir que le hagamos pruebas a su hijo?

—No; dejaré la salvación de Dionisio en sus propias manos.

***

A pasos lentos avanzaba. Su vómito habíase adherido a sus pies descalzos. Y sus cabellos llenos estaban de un sudor frío. Seguía a Valentina, su ángel.

***

El doctor Casadiego escribía:

22 de Noviembre de 1962.

Un caso en particular ha atraído poderosamente mi atención. Se fundamenta en un nuevo concepto, el de «virus». Sin embargo, en los estudios ya realizados no se toma en cuenta la situación que a mí se me ha presentado. El «virus» que afecta al sujeto presenta un «campo de acción» realmente amplio. Ha debilitado todas las defensas de aquel que lo porta. Aunque no tengo conocimiento sobre si puede presentarse en animales, me atrevo a darle un nombre: «virus de inmunodeficiencia humana». A pesar de lo importante del suceso, el tutor legal del sujeto ha rechazado terminantemente la realización de pruebas con el fin de hallar un tratamiento a los efectos devastadores del «virus». Es recomendable que se proceda a la llevada a cabo de un juicio con el fin de declarar al tutor legal como «incompetente» en la materia relacionada con el cuidado de un menor de edad, sí, y sólo sí, no se le convence de aquello que es lo mejor para su hijo.

Doctor Casadiego,

(para su registro en taquigrafía).

Al finalizar, colocó en el sobre la dirección del ministro de Salud, Víctor Zapata.

***

En el río se bañó, y toda impureza en su carne, en sus huesos y en su sangre fue destruida.

—He aquí que gracias a la voluntad de un ángel, pura permanece mi carne y mi sangre, al mismo tiempo que mis huesos.

Valentina sonrió, y respondió:

—No des gracias a mi voluntad, eso me llenaría de orgullo. Da gracias a la voluntad de la humanidad que se basa siempre en el amor, aunque no se reconozca.

***

Esperanza miró siempre al sol.

Mientras fue arrastrada, golpeada y humillada, no dejó de ver al gran astro. Todas sus propiedades le fueron arrebatadas, excepto una, sólo una: un espejo. En él se reflejaban los rostros de quienes pasaban a su lado. Un alegre señor, con una Biblia en la mano, se detuvo y le preguntó:

—¿Qué deseas tú, querida? Pide lo que quieras, que yo te lo daré.

Esperanza le vió y reconoció al obispo Van Carter, un religioso que siempre tenía un grupo de periodistas detrás, prestos a anotar «el último acto bondadoso de Van Carter».

—Sólo deseo que te retires de mi vista. Me ocultas el sol.

***

Valentina abrazó a Dionisio y le besó. Ambos sufrirían con el oprimido, y darían salvación al inocente. Su lema, desde ese momento, siempre fue: «Una ayuda, para la ayuda» (significado literal de AID FOR AIDS).

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