El hombre que voy siendo (reseña)

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Es hasta cierto punto inconmensurable el alcance que puede tener la palabra dicha o escrita, esto es seguro. Y con más razón podría decirse lo mismo del hombre que permanece detrás de las palabras, entre un desvelarse a sí mismo y un ocultarse. Así caracterizó Heidegger a la verdad: como presente en el medio de un bosque y, a la misma vez, en todas partes dentro de él; por eso habla del proceso de doble encubrimiento en la esencia de la verdad (pág. 39, parágrafo 43).

No podría decirse que lo mismo sucede en el caso del artista y de su obra, que, como fin último lo que buscan es permitir que la verdad se haga presente (pág. 25, parágrafo 25). Es decir, la obra de arte es como una ventana y un reflejo, pero no la verdad per sé. Y, aún así, es inevitable no dejarse llevar por la pasión y confundir al hombre con su obra, que permanecerá después de él, y que será aquél pórtico por el cual quien le quiera conocer habrá de acceder a su sombra.

Porque, tal y como diferenciaba Hume la impresión de la idea (pág. 33), el hombre es hombre en tanto que obra así como la obra no podría ser sin él; pero ésta es sólo una parte suya y no todo cuanto en él halla expresión. No podremos jamás ver directamente ni escuchar la voz, ni sentir lo humano del artista en una aprehensión sensible directa (no es necesario aclarar que se refiere aquí a los que ya han perecido, pero incluso con los que están vivos y no son ya amigos, esto sería bastante improbable que sucediese). No podremos conversar con él (o ella), ni verle reír, sólo nos podemos conformar con su legado. Por eso Sócrates no dejó nada escrito, quería ser recordado únicamente por quienes, con él, se propusieron a dar cuenta del arte de dialogar (Platón, en el Fedro, 342).

Es por ello que la obra es sombra del hombre, y a esto se reduce. Sin embargo, en cuanto sombra no es en ningún modo algo inerte, es la ausencia viva de quien le dio forma. Arturo Uslar Pietri seguro intuyó todo esto y por eso tituló su segundo poemario de esta manera: «el hombre que voy siendo». Porque en sus palabras y en quienes le leen, esa mínima parte suya, su obra, su sombra, representa todo lo que es posible expresarse y, realmente, es su trascendencia.

La poesía es, en muchos aspectos, el género literario más simple y, a su vez, el más complejo. Simple en el sentido en el que su tema principal es, en la mayoría de los casos, el amor (o la amistad, dependiendo de la intensidad del sentimiento). Complejo debido a que los versos no son sólo oraciones cortas y con algunas rimas dispersas, eso conformaría únicamente parte de su estructura, si quisiéramos tomar esto en cuenta. La poesía es un rapto en el que el escritor dirige y acompaña a quien sus palabras presta atención, para llevarle a su interioridad más íntima. Pero esta no es sino la segunda parte del proceso, la vuelta de un viaje ya iniciado en solitario, desde la concepción del primer verso de cualquier poema.

Es por esto que la poesía sólo es cultivada con profundidad y vastedad por aquellos que dirigen su pensamiento a sí mismos. Whitman ya lo dejaba en claro en el título de uno de sus trabajos más conocidos: «canto a mí mismo». Esto no supone, sin embargo, que los poetas sólo hablen de y hacia sí mismos en un sentido literal y absoluto, para nada. El abanico de sus temas es amplio, tanto que incluso podría decirse que todo aquello que existe (ontología) y puede conocerse (epistemología) tiene el carácter inmanente de poder ser expresado. Hay incluso los casos en los que algún poeta se dedica a expresar lo que existe pero no puede conocerse de manera directa y plena (por ejemplo: la muerte).

Lo que se quiere decir, pues, es que todo lo que se concibe en versos es percibido desde la lente de la subjetividad de cada individuo. Se explica gracias a esto la omnipresencia del amor como tema, dado que es uno de los sentimientos más intensos, incluso y con mayor ahínco cuando es confundido con la obsesión. No sorprende, por tanto, que los más elaborados poemas de Pietri sean aquellos que dedicó a (y fueron inspirados por) las personas que sintió más cercanas, tanto en la amistad como en el amor (su esposa, Isabel Braun, a la que dedica Aniversario; su amigo durante décadas, Miguel Ángel de Asturias, al que dedica Ausencia de Asturias, entre otros casos).

Y, aún así, en otras creaciones del mismo género, explicó la historia de un concepto (v. «La escritura», pág. 137), de un continente (v. «Amerigo», pág. 79) o de personajes ficticios que se sienten reales (v. «El libro de ceniza», pág. 63). Correcta y sensible es la observación de este artista, cuando se declaró sobre él: «Uslar Pietri: muchos hombres en un nombre» (Margarita Eskenazi, 1988). Claro que este comentario se dio en ámbitos y contextos distintos, pero sirve en y desde diversos planos o puntos de vista.

Quizá haya sido debido a la inherente sencillez compleja (v. el oxímoron) de la poesía el hecho de que Uslar Pietri, prolífico autor, no dedicase más que dos poemarios a explorar el género. Quizá se trate de su intrínseca humildad (declaró que no se sentía un hombre culto; Polanco Alcántara, 2002, pág. 158), o, simplemente, que expresarse en verso no le otorgaba la libertad de la prosa. Independientemente de la razón, se puede reconocer aquí el criterio de calidad antes que cantidad. Sobre el hombre y su sombra, sólo podemos repetir lo que ya dijo Safranski sobre Nietzsche (2010, pág. 374-375):

«Con el pensamiento de este filósofo no se llega a ninguna parte, no hay en él ninguna conclusión, ningún resultado. […] Encontramos solamente el propósito de aventura, de la interminable aventura del pensamiento. Pero a veces se asoma en nosotros el sentimiento: el alma de este hombre, ¿no estaba hecha para cantar?».

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BIBLIOGRAFÍA

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HEIDEGGER, M. (1998). «Caminos de bosque». Madrid: Alianza Editorial, S. A.

HUME, D. (1988). «Investigación sobre el conocimiento humano». Madrid: Alianza Editorial, S. A.

POLANCO ALCÁNTARA, T. (2002). «Arturo Uslar Pietri: biografía literaria». Caracas: Ediciones GE.

SAFRANSKI, R. (2010). «Nietzsche: biografía de su pensamiento». México, D. F.: Tusquets Editores México.

USLAR PIETRI, A. (1986). «El hombre que voy siendo». Caracas: Monte Ávila Editores, C. A.

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