¿Apología al bucolismo?

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A cada paso
un eco,
a cada paso
un temblor,
un retumbar.

A cada paso
un suspiro inocente
pero insignificante,
tan minúsculo
que es como si fuera inexistente.

A cada paso
miradas esquivas,
sonrisas disimuladas,
ruidos tranquilizadores,
un temblor,
un retumbar.

Voces que no hablan
gritos que no se oyen,
rutinas perdidas
sufrimientos callados.

A cada paso
de orgullosa reafirnación,
vida y muerte
juntos ineludiblemente.

Lejos de la delicada contemplación
sólo caos, sólo acción,
sólo impulsos, nada de deliberación.
Las miserias ajenas ocultadas
en el viejo temblor,
en el retumbar,
de quienes no ven ni sienten.

Hipocresías alienadas,
enajenadas,
extrañadas;
la unión de la no-unión y de la no-unión,
el retorno de lo idéntico hacia sí mismo,
narcisismos alabados,
el onanismo llevado a sus últimas consecuencias,
puro solipsismo.

Lejos de la multitud desenfrenada,
lejos del mundanal ruido,
el ruido y la furia
de voces que no hablan
de gritos que no se oyen,
de paz y de guerra
en distintas proporciones.
El devenir observable
no pensado ni re-pensado.
La vida y la muerte
como momentos de una totalidad
universal y particular,
al mismo ton
y al mismo son.

A cada paso
de orgullosa reafirmación,
de miradas esquivas,
de sonrisas disimuladas,
un temblor y un
retumbar
de hipocresías alienadas,
enajenadas,
extrañadas,
de una multitud indiferente,
de solitarios que no saben que están solos.

A cada paso
muertos en vida
que se niegan entre sí;
“juntos pero no revueltos”,
repitiéndose en sus soledades compartidas
palabras maestras
que a nadie salvan
ni consuelan.

A cada paso
un eco vacuo,
a cada paso
un temblor y
un retumbar vacíos.
Multitud
hedonista, narcisista,
onanista, solipsista,
entregada a sus impulsos
alienados, enajenados, extrañados.

Multitud de la que formo parte,
totalidad universal y particular,
solitarios que no sabemos que estamos solos,
o que quizá sí,
y por ello nos entregamos
a suspiros y gemidos inocentes
pero insignificantes,
que son tan minúsculos
que es como si fueran inexistentes.

Lejos de la multitud desenfrenada,
lejos del mundanal ruido,
el ruido y la furia
del silencio,
del verdadero temblar y retumbar.

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