Un visitante indiscreto

1

 

La soledad era silencio y tempestad. Le permitía apreciar los pequeños detalles: la brisa que pasaba bajo sus alas y a través de todas las cosas; la luz acogedora y seductora que era otorgada desinteresadamente a cualquiera; las nubes en su tenue danza que representa el devenir universal y el intenso aroma de las flores, que le invitaban a acompañarles. La soledad era un silencio compartido, se limitaba a contemplar y lo demás sólo seguía su curso como si nada importara, como si él ni siquiera existiese. La soledad era tempestad; lejos de la multitud desenfrenada, lejos del mundanal ruido, retumbaba la furia de sus fantasías inconclusas, insatisfechas, imaginadas, caprichos sin remedio.

Detuvo su vuelo en cuanto vislumbró un lugar donde posarse. Giró su cabeza de un lado a otro en busca de los monstruos de dos patas, pero no había ninguno. Ellos eran quienes aparecían en sus breves pesadillas, siempre lanzándole piedras a su pequeño cuerpo emplumado. Tenía que esquivarlas y escapar en cuanto le era posible, pero algunas veces le daban en el pecho, y el dolor le paralizaba. Sus pequeñas patas intentaban arañar a sus atacantes, pero nada podían contra la distancia y la diferencia de tamaño. Los monstruos eran gigantes, al igual que las armas naturales que usaban en contra suyo. Cuando creía que ya no podía más, despertaba. Y lo hacía muy agitado. Debía entonces salir a volar hasta cansarse y a buscar comida en el proceso.

Pero ahora era distinto: no habían monstruos de dos patas que quisieran hacerle sufrir. Ahora sólo eran un miedo latente que sus pesadillas siempre le recordaban. Por ello silbó alegremente, celebrando su soledad. Cerró los párpados mientras acomodaba el resto de su cuerpo sobre sus patas. Necesita descansar y olvidar.

 

2

 

Su sueño fue interrumpido, y eso le molestaba en demasía. Nada ni nadie parecía entender que sus aspiraciones sólo bastaban en comer y dormir, y que esperaba que se le respetase cuando hacía lo uno o lo otro. Se distendió, estirándose mientras soltaba un suave gruñido. Escuchó entonces un leve silbido y agudizó sus orejas buscando de dónde provenía. Con extrema curiosidad, comenzó a recorrer el salón. Lo hacía con elegancia y parsimonia, como si tuviera ante sí un inmenso público que estuviera aglomerado sólo para suspirar ante su belleza, mientras desfilaba con los ojos fijos en el horizonte llenos de orgullo.

Si pudiera sonreír, lo habría hecho. Se limitó a contemplar en silencio lo que estaba frente a sí. Era paciente, una de sus mayores virtudes: podía esperar inmóvil por horas si fuese necesario. Su pose entera era la de una estatua, la representación estática del movimiento. No se podía saber si estaba viva o no a simple vista, era necesario acercarse y tocarle para distinguir el ligero pulso de su sangre. Comenzó a distinguir incluso el polvo, que caía suavemente en un vals imaginario. El silbido volvió a escucharse en la amplia habitación y la criatura de enigmática expresión seguía completamente quieta.

Calculaba de forma pormenorizada sus posibilidades. Lo único que tuvo claro desde el comienzo es que sólo había una oportunidad. El modo de aproximación era vital, cómo no, y eso es lo que angustiosa y obsesivamente pensaba una y otra vez. El silencio era tan frágil que sólo se requería de una mínima mosca para arruinar todo. Afortunadamente no pasó ninguna, y el único ruido que se producía en toda la habitación era el del viento atravesando las rejas que daban al patio abierto, el de los bachacos en sus labores forzosas y el suave cantar de la presa de dos patas.

 

3

 

Voilà! La vida virtuosa del ave sin igual, fue valientemente violentada tras el virulento ataque del monstruo de cuatro patas. No hubo tiempo de suspiros, ni de gemidos o de lamentos. Fue un patatús mortal. La alegría pasajera del visitante indiscreto se volvió realidad congelada: fija, estática, muerta. En un mero recuerdo de aquella quien le observó ensimismada. La vitalidad recientemente reforzada de la criatura de cuatro patas, pasó a ser movimiento, cambio, un devenir.

Necesitaba comer y dormir, eso es todo. Sólo saciaba su apetito. Utilizaba sus garras para diseccionar y extraer, tomaba lo que le servía y lo otro no lo tocaba. Cuando se cansó, se limitó a retirarse a descansar de nuevo. Su sueño había sido interrumpido, y eso era imperdonable. En sus fantasías diurnas, mientras no acababa de dormirse, repetía una y otra vez la escena: lo fácil que le había sido acercarse sin ser notada, el gran impulso de su salto y la precisión con la que sus garras se aferraron al cobarde intruso. No tenía escapatoria.

Si pudiera sonreír, seguramente lo hubiera hecho. Soltó un gruñido profundo y no pensó más. El ruido del viento seguía allí, también el de los bachacos, pero los alegres silbidos de una pequeña ave se fueron para no volver. Fueron efímeros, y como no hubo testigo alguno que los oyera, nadie puede asegurar que hayan existido siquiera.

 

4

 

El repiqueteo de las llaves le despertó. Se removió intranquila sobre el sofá antes de saltar al suelo, esperando que la puerta se abriera. Entró el monstruo de dos patas con varias bolsas.

―¿Cómo está mi chiquita hermosa? ¿Tienes hambre? ―dijo en ese tono meloso que sólo se usa con los bebés. La criatura de enigmática expresión pasó su cola por la mesa central del salón mientras restregaba su cabeza sobre la misma.

―Miau.

El monstruo asintió en silencio mientras sonreía. Caminó hacia la cocina para dejar las bolsas y buscar el alimento para su inocente y cariñosa mascota. Esta la seguía de cerca mientras repetía una y otra vez lo único que sabía decir.

Sobre el piso de mármol se extendieron rápidamente las sobras de unas cuantas salsas, como si se tratara de un lienzo de Jackson Pollock. El estruendo de los envases de cristal al caer y romperse ahuyentó a la criatura, que salió disparada a través de la reja del patio.

El monstruo, ahogando un grito con ambas manos, y con un par de lágrimas sobre su arrugado rostro, se acercó al otro lado de la habitación para ver mejor. La muerte del visitante indiscreto, a pesar de todo, no había pasado desapercibida.

4

Anuncios

Deja un comentario... // Write a comment...

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s